AGRESIVIDAD

Recuerdo que ya desde niña el enojo se apoderaba de mí. Mi madre me contó que en una ocasión, ella me tenía en sus brazos y yo le di una bofetada a causa del enojo que sentía por haber dejado la casa de la abuela y vivir un lugar que no me gustaba, tendría tres años.
En la primaria fui una niña miedosa, retraída y me era muy difícil convivir con los demás; Mi comportamiento emocional difería de los demás y me hacía blanco de Bullying, no sabía cómo defenderme, guardaba un gran odio y deseos de venganza siendo, una de mis frases preferidas era:¡ …“algún día me las van a pagar….” En la adolescencia, mi actitud cambió, decía que ya no me dejaría maltratar por nadie y comenzó mi guerra contra el mundo. Insultaba a mis padres y hermanos, golpeaba a los más pequeños, aventaba lo que estuviera a mi alcance. A veces, era tanto mi enojo, que optaba por agredirme físicamente, me arañaba, me arrancaba el cabello, golpeaba las paredes e incluso me cortaba. Peleaba con todo mundo en la calle, golpee a un chofer de transporte público, discutía con los dependientes de las tiendas, en los bancos, con conductores en medio del tráfico, fui a una estación de policía por reñir con otra conductora, la familia de esa mujer casi me lincha en la calle.
Años más tarde, caí en una gran depresión, acudí a pedir ayuda a la terapia del Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos, sin imaginarme que descubriría que soy una persona extremadamente irritable. Comencé a entender que hay otras manera de reaccionar ante las situaciones incomodas o difíciles para mí, si bien en ocasiones puedo volver a sentir enojo, ya no actúo cegada por él, de hecho, ya no experimento el mismo odio que sentía por mí, por las personas o por la vida. Esta terapia ha sido muy reconfortante, he descubierto el descanso que siento de no enojarme con aquella intensidad y el haber adoptado una actitud diferente ante las tensiones propias de la vida.
