ANGUSTIA

Recuerdo cuando llegué al Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos, con un dolor infinito que provenía de no sé dónde, llena de angustia, ansiedad y miedo; lloraba todo el día sin saber cuál era el motivo de mi llanto.
El terror a salir a la calle me hizo imposible seguir trabajando. Mis insomnios eran muy difíciles de soportar; pensaba que pronto moriría. Las cosas empeoraban con los días; empecé a tener alucinaciones y a escuchar ruidos de campanas que no podía dejar de oír, por más intentos que hiciera: era la locura total.
Desde hacía un año era presa de fuertes diarreas; todo era inútil: doctores, medicamentos, estudios y hospitalizaciones no lograron detenerlas; pensaba que Dios me castigaba y que nada ni nadie me podría salvar. Mi vida estaba acabada, sin objetivos ni razón para vivir. A mis 35 años, todo estaba acabado para mí; visité psiquiatras, analistas, acudí a la religión, pero nada me tranquilizaba.
En esas condiciones llegué al grupo, pensando que si los médicos no habían podido hacer nada, pues a lo mejor allí tampoco, porque aparte de todo soy ciega, y lo más probable era que no me entenderían. Al darme la oportunidad de asistir a las sesiones de su salas, no sé cómo ni cuando, pero empecé a dejar de llorar, a dormir bien, y poco a poco me fui sintiendo tranquila. Hoy puedo asegurar que me salvaron la vida, que cambió totalmente. No sólo pude regresar a mis actividades anteriores, sino que pude estudiar una licenciatura y posteriormente una maestría en mi profesión. Neuróticos Anónimos me ha salvado de la locura y la muerte emocional .Hoy mi vida es tranquila y feliz; el sufrimiento quedó atrás.
